S.O.S Petróleo

La refinería de Ensenada: 40 años de contaminación

Por: Florencia  Yanniello

La Refinería de la empresa  Repsol YPF ubicada en Ensenada es un potencial foco de contaminación que afecta día a día al medioambiente y a la población de la zona. Vecinos movilizados y gobiernos preocupados aunque pasivos, protagonizan la historia de una ciudad al borde del colapso ecológico.

En la ciudad de Ensenada, dentro del Polo Petroquímico, está ubicada la Refinería de  Petróleo de la empresa española-argentina Repsol YPF. La refinería, es centro de debates desde algunos años, cuando vecinos de la zona comenzaron  denunciar el grave impacto ambiental que el proceso del tratamiento de los hidrocarburos provocaba en el medio ambiente y en la salud humana. La población de Ensenada vive en alerta; habitan en una zona industrial y conviven con sustancias tóxicas, metales pesados y otros contaminantes que la planta de refinamiento de petróleo emite cotidianamente.

    La refinería es uno de los tantos problemas que tiene la ciudad de Ensenada, que parece ser el “basural” de la provincia de Buenos Aires, ya que allí también, además de 27 plantas industriales dedicadas en su mayoría a la producción de hidrocarburos, se encuentra el predio del CEAMSE, el relleno sanitario también cuestionado por la polución que genera.El Polo Petroquímico se construyó a  partir de la instalación de la Refinería YPF, hace alrededor sesenta años. La refinería trabaja para elaborar distintos productos derivados del petróleo y en el Polo utilizan las materias primas que genera  Refinería para producir  materiales más elaboradas para la exportación. La actividad de la planta de refinería no solo deja consecuencias en el ambiente, si no que también  trae aparejados problemas de salud que van desde trastornos en el sistema nervioso y en la generación de glóbulos rojos hasta distintos tipos de cáncer.En el agua de la zona de Ensenada se detectaron considerables concentraciones de de metales pesados, como cromo, mercurio, cadmio y vanadio en el agua, todos ellos perjudiciales para la salud.

     La firma Repsol-YPF se formó tras la compra por parte de la empresa española Repsol de la petrolera estatal argentina YPF. Es una de las diez mayores petroleras privadas del mundo, con operaciones en veintiocho países. A partir de la detección de las irregularidades en el funcionamiento de la planta, los vecinos de los alrededores de la refinería comenzaron a realizar denuncias y manifestaciones para lograr que se ejecuten los controles necesarios para que los impactos se minimicen. Así se formó la ONG Unión Vecinal Mosconi, que lucha cotidianamente por mejorar la calidad de vida de los habitantes de la zona. Esta organización la conforman vecinos que comenzaron a  sentir los efectos de la contaminación; muchos de ellos víctimas de cánceres, otros de alergias o trastornos en la piel.En este sentido el secretario de Política Ambiental de la ciudad de Ensenada, Marcos Raúl Paniatieri, manifestó que desde la Secretaría están efectuando estrategias para intentar disminuir los impactos que la actividad industrial está produciendo en la zona.Manifestó que la empresa se comprometió a realizar las mejoras que Secretaría le exige, dentro de las cuales se encuentra un proyecto de minimización de los gases de efecto invernadero que se puso en práctica hace algunas semanas. “Este trabajo va a hacer que las cinco antorchas que Refinería tiene ahora que están permanentemente emitiendo gases y material particulado desaparezcan. Van a reutilizar esos gases para generar energía eléctrica, entonces con esa energía ellos se van a autoabastecer y no van a tirar más, porque eso está permanentemente emitiendo gases y material particulado, que en el caso de YPF llega alrededor de las 350 o 400 toneladas mensuales, que cae permanente en Ensenada y en La Plata”, explicó Panetieri.

     Las emisiones tóxicas están permanentemente afectando a  los barrios que se encuentran en los alrededores del Polo Petroquímico y si bien la empresa parece estar comprometida a mejorar las condiciones en las que realiza su actividad, ya son muchos los daños que se hicieron y todas las soluciones son a largo plazo. Panetieri hizo referencia a la inversión que la empresa deberá hacer para materializar el proyecto de mejoramiento: “La recuperación de los gases de antorcha les sale 17 millones y medio de dólares, es una obra gigantesca, y le lleva mucho tiempo y mucha gente a la empresa, pero la ventaja que tienen es que la hicieron a través de los “Bonos de carbono”, que son bonos que reembolsan a la capacidad que tiene al empresa de minimizar los gases de efecto invernadero, se les paga de acuerdo a  la cantidad de gases que ellos no emiten”.

Los “Bonos de Carbono” son un mecanismo internacional para disminuir las emisiones contaminantes al medio ambiente; es uno de los tres mecanismos propuestos en el Protocolo de Kyoto para la reducción de gases causantes del calentamiento global. Si bien es una estrategia válida, posee incentivos económicos para las empresas privadas que se comprometan a colaborar con la mejora del medio ambiente. En este sentido, se observa que la Refinería de Ensenada reduce sus gases, y a su vez recibe una retribución, lo que hace que la empresa no pierda dinero. 

Mejor prevenir que curar

Uno de los problemas más graves que colaboró para que se origine el casi irremediable impacto que la Refinería provocó en el ambiente, fue la falta de previsión que existió a la hora de construir el polo petroquímico. No se tuvo en cuenta el control y las medidas exigentes que se les debe aplicar a este tipo de industrias, ya que su actividad atenta contra la salud y la naturaleza. “En la época en que se generaron estas industrias no había obligación de hacer evaluación de impacto ambiental, se establecieron estudios para erradicarse pero no por obligación en particular, en esa época no había nada que los obligara”, cuenta Panetieri, quien considera que los daños no son irreparables, pero que las soluciones son a muy largo plazo y poco sustentables económicamente.Además de las emisiones gaseosas que afectan a la población a través de la contaminación del aire, la actividad de la Refinería provocó graves perjuicios a los canales y efluentes líquidos que rodean al Polo Petroquímico.

Durante cuarenta años, la Refinería utilizó los canales como piletas de tratamiento y allí volcaron los deshechos tóxicos. “Esto sucede por problemas de no control cuando hubo que controlar, problemas de no legislación cuando tenía que legislarse sobre qué se podía volcar y que no se podía volcar y eso se fue contaminando, es la falta de planificación de una época”, manifestó el titular de la secretaría en relación a la contaminación hídrica.La Refinería generó y sigue generando una gran inestabilidad en la población, que debe vivir alertada y convivir con sustancias tóxicas para la salud. La zona se encuentra desvastada por la actividad industrial y ya no queda agua en la napa sub-superficial que no se vea alterada por los desechos que el polo vierte hacia los efluentes. Los olores a hidrocarburos son algo habitual en el aire y la gente coexiste con ellos.

Los vecinos se reúnen, juntan firmas y hacen presentaciones en la justicia, porque quieren evitar que se siga perjudicando su calidad de vida. “Cada vez son más los vecinos que tienen problemas respiratorios, de piel y hasta de sorderas; por eso estamos preparando una nueva presentación judicial para que las empresas hagan todo a su alcance para mejorar la calidad ambiental en la zona donde vivimos, queremos que se frenen las emanaciones que nos causan tanto daño. Hay consecuencias que no se pueden parar, y no queremos hablar de la gran cantidad de personas que murieron en el barrio a causa del cáncer”, señaló Raúl Portela, vecino del barrio que al igual que el resto está indignado por la falta de respuestas concretas desde la empresa Repsol YPF.

Estamos en un momento en el que los conflictos ambientales están llegando a un punto límite; el hombre comienza  a sufrir las consecuencias de la contaminación indiscriminada que generó desde la industrialización y esto debería preocupar seriamente a la población. La exposición a los gases y líquidos contaminantes deben alertar la atención de los gobiernos, porque más que mejorar la calidad de vida de los habitantes, deberían garantizarla; porque como dicen los vecinos de Ensenada: “la salud no se negocia”.

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