El conflicto del Campo

El debate sobre los monocultivos

Por Florencia Yanniello

En plena negociación, el conflicto entre el campo y el gobierno, no se limita sólo al debate de las retenciones, sino que afloran también cuestionamientos al modelo de desarrollo y a la distribución de la riqueza. Susana Martínez, Directora del Departamento de Ambiente de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNLP, expresa su posición frente a ‘los otros temas’ subyacentes del conflicto.

El conflicto del campo saco a luz un debate que se está dando en muchos ámbitos y niveles de la sociedad y que va más allá de las retenciones. Se abrieron numerosas discusiones en distintos ejes que proponen revisar las políticas agropecuarias y también el modelo de producción. Uno de los temas más polémicos es la producción de monocultivos, además, también se habla de los pooles de siembra y de la sustentabilidad de este sistema agropecuario.

La comunidad empezó a interesarse, a raíz del enfrentamiento entre el campo y el Gobierno, por la producción de monocultivos, que aparentemente, ante la opinión pública tiene mala prensa. Se dice que una agricultura basada en commodities es perjudicial y que el monocultivo de soja en la mayoría del territorio destinado a la agricultura, perjudicaría ambientalmente al suelo y al agua, en resumen, a los ecosistemas.

La Directora del Departamento de Ambiente y Recursos Naturales de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de La Plata, la Ingeniera Agrónoma Susana Martínez, admite que los monocultivos, y el uso indebido de fertilizantes y agroquímicos perjudican al suelo y contaminan el agua, pero manifiesta que los productores y los asesores, prevén esta situación a través de las rotaciones y monitoreos, logrando adecuadamente los controles químicos. Además aclara que cuando un dueño alquila el campo para la siembra de soja, en el contrato queda estipulada la obligación del arrendatario a incluir las rotaciones.

Otro cuestionamiento que se le hace a los productores es que la soja, en este caso, atenta contra la biodiversidad, ya que la producción de un solo tipo de cultivo hace que desaparezcan pequeñas especies autóctonas. Se puede observar con claridad un ejemplo en Perú, en donde se cultivaban históricamente diferentes tipos tubérculos del altiplano, especies que fueron desplazadas por el monocultivo de papa blanca y que ya no se pueden recuperar.

En este sentido, la Directora del Departamento de Ambiente y Recursos Naturales, manifiesta que “todo cultivo que este mal manejado puede incidir en la pérdida de la biodiversidad”. Además, explica que por ese motivo en la actualidad la figura del ingeniero agrónomo ha tomado relevancia y los chacareros lo tienen en cuenta a la hora de cultivar.

“También atenta contra la diversidad y la contaminación, en mayor medida, la producción de hortalizas en el predio urbano y de eso no son responsables solamente los productores”, declara la Ingeniera Martínez, agregando que la política agropecuaria debería contemplar a las producciones en zonas urbanas.

“La Provincia de Buenos Aires debiera hasta subsidiar a los pequeños productores para obligarlos a encamisar los pozos de riego, porque este es un problema gravísimo en los cinturones hortícolas del país que rodean a las ciudades y que al no diferenciarse los límites, el peligro es cada vez mayor y nadie hace nada. A solo 13 Km del Centro empiezan las quintas y no veo una preocupación muy grande por parte de las autoridades municipales y provinciales”, denuncia Martínez.

En el marco de los desabastecimientos consecuentes del paro del campo, la gente comenzó a preocuparse por la falta de alimentos y esto trajo a discusión la problemática de la escasa producción local y regional.

Los pequeños productores que antes abastecían a las ciudades están paulatinamente desapareciendo y no existen más mercados municipales. Muchos consideran que el modelo sojero termina con el modelo campesino de las granjas y de la agricultura regional, y así surgió el interrogante acerca de la posibilidad de que las producciones regionales abastezcan a las ciudades nuevamente y la necesidad de un modelo que fomente el desarrollo de economías de baja escala o campesinas.

“Hay que diferenciar entre los productores intensivos que abastecen a los centros poblados produciendo hortalizas, huevos, pollos, etc. que se dedican a eso porque extensión de su tierra se lo permite y los que tienen tierra suficiente para explotarla con cultivos extensivos, pero no tiene financiamiento adecuado para poder tecnificarse, que son los que conocemos como pequeños productores”, explica Susana Martínez. Además, expone que existe una cuestión económica, asociada a que el pequeño productor, no pueda evolucionar por la existencia de otros que “se quedan con las ganancias en el circuito comercial”.

“Los mercados municipales, que se abastecen de cultivos intensivos, desaparecen entonces por una cuestión cuyos responsables han sido los gobiernos municipales, provinciales y nacionales, que no han desarrollado una política agropecuaria que proteja tanto a los productores pequeños, como a los grandes que son los generadores de las divisas de nuestro país”, manifiesta la Ingeniera Martínez.

Es interesante y fructífero que estas cuestiones se conviertan en temas de interés público y sean discutidos cotidianamente, porque habla de una sociedad preocupada e inquieta por el actual modelo de producción agrícola, que tiene numerosos aspectos cuestionables, desde diversos puntos de vista.

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