DIA MUNDIAL DEL MEDIO AMBIENTE

Una celebración que cuesta celebrar

Por Daiana Melón

En el año 1972, la Asamblea General de las Naciones Unidas estableció, en su Resolución Nº 2994, el 5 de junio como el Día Internacional del Medio Ambiente con el fin de conmemorar la Conferencia de Estocolmo sobre el Medio Humano, con el objetivo de sensibilizar a la opinión mundial en relación a temas ecologistas, promoviendo el papel fundamental de las comunidades en el cambio de actitud hacia temas ambientales y fomentando, de esta forma, la cooperación de toda la humanidad.

Cada año un país diferente es el anfitrión de la celebración de esta fecha, organizando conferencias y charlas acerca de un tema particular en relación al medio ambiente, con el fin de concientizar a la población sobre los problemas de contaminación que se presentan alrededor del mundo. La primera ciudad que fue sede de los festejos fue Nairobi (Kenya) en el año 1987 y, a partir de entonces, se han llevado adelante ininterrumpidamente.

En el año 2007, la ciudad encargada de organizar las actividades a realizar en esta fecha fue Tromso (Noruega) y el lema que se escogió fue “El deshielo, un asunto candente”. Numerosos especialistas de diferentes países hablaron sobre la problemática, explicando que actitudes pueden tomar las personas para aportar su granito de arena a favor de la ecología, así como también las políticas que los países pueden adoptar para modificar los desequilibrios que se presentan en el medio ambiente.

Este año la sede será Nueva Zelanda, y el tema que se escogió fue: “¡Deja el hábito! Hacia una economía baja en carbono”. El objetivo de esta elección es la búsqueda de acciones entre la comunidad internacional para eliminar el uso del carbón en sus economías, el ahorro de energía y reducir las emisiones de gases nocivos para el ambiente.

Según un informe publicado por la ONU, denominado “Evaluación de los ecosistemas del milenio”, en los últimos 50 años la estructura y el funcionamiento de los ecosistemas se han modificado en forma más rápida y extensa que en ningún otro período de la historia humana, debido a las demandas crecientes de alimento, agua dulce, madera, fibra y combustible.

Este estudio también afirma que de los procesos que se llevan adelante para suministrar los diferentes servicios, un 60 por ciento degradan el medio ambiente o conllevan a una utilización no sostenible del mismo. Por ejemplo, el transporte genera 25 por ciento de gases de efecto invernadero, principalmente provenientes de la combustión de gasolina y gasoil.

Mientas hoy, en Nueva Zelanda, se está tratando la contaminación que genera el uso de combustibles fósiles, en la Argentina, paradójicamente, un choque de dos buques, de banderas griega y maltesa, en las costas del Río de La Plata provocó un importante derrame de fuel oil.

La mancha de combustible, que se ubica en las cercanías de la costa de Carrasco (hacia el este de Montevideo), posee una extensión de 20 kilómetros de largo por 30 metros de ancho y se dispersó hacia el Océano Atlántico en dirección sureste, sin que fuera posible colocar barreras de contención, y está siendo monitoreada tanto por medios aéreos como marítimos.

Es irónico pensar que en el Día del Medio Ambiente, mientras en un punto se están realizando actividades para concientizar a la comunidad sobre la nocividad de usar combustibles, en otro punto del mundo se está enfrentando un problema de contaminación a causa de un derrame del mismo recurso, provocado por la irresponsabilidad de los tripulantes de los buques mercantes.

Frente a esta situación, surge un interrogante: ¿Hasta que punto hace falta llegar para que advirtamos que, poco a poco, estamos destruyendo el planeta que habitamos? ¿En qué momento vamos a decidirnos a actuar para revertir los desequilibrios medioambientales que se están presentando?. La naturaleza ya se está encargando de demostrar -mediante las inundaciones, los terremotos, tsunamis, etc.- el daño que estamos causando a la tierra. Mientras tanto, la humanidad decide continuar ciega, en lugar de hacerse cargo de lo que está generando.

Hoy, más que nunca, deberíamos reflexionar acerca de cuán tarde puede ser el momento en que nos decidamos a quitarnos la venda de los ojos y hacer frente al deterioro que hemos causado en el planeta.

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