Protección de la Capa de Ozono

16 de Septiembre

Día Internacional de la

Protección de la Capa de Ozono

Por Daiana Melón

Hace 21 años, un 16 de Septiembre de 1987, se firmaba el llamado Protocolo de Montreal en el que establecía la reducción y posterior eliminación del uso de sustancias degradadoras de la Capa de Ozono, tales como los clorofluorocarbonos, halones, cloro, bromo, etc.

La ozonosfera fue descubierta en el año 1913 por los franceses Charles Ferry y Henri Buisson, y examinada y estudiada por el meteorólogo británico Gordon Miller Bourne Dobson, quien estableció, entre 1928 y 1958, una red en todo el mundo de monitoreo de ozono que, hoy en día, continúan funcionando.

Esta Capa, de sólo unos 3 milimetros de grosor, no es un objeto real, sino una zona donde se encuentran mayores concentraciones de ozono, que actúa como un escudo protector de radiaciones altamente nocivas que llegan al planeta y que permite el paso de otras radiaciones como las ultravioletas que son necesarias para el desarrollo de la vida terrestre.

Según los estudios realizados durante los últimos años, la capa se encuentra bajo una seria amenaza a causa del uso de compuestos tales como los clorofluorocarbonos (CFC), utilizados principalmente en refrigeradores, congeladores, acondicionadores de aire, aerosoles y plásticos expansibles.

Los CFC, en un principio, parecían ideales para el mundo de las industrias modernas por no se ni inflamables ni venenosos, fáciles de almacenar y baratos de producir. Su estructura estable les permite atacar la capa de ozono, ya que al entrar en contacto con la estratosfera, donde la radiación rompe sus enlaces químicos, liberan el cloro, el cual captura una molécula de ozono transformándola en oxígeno común.

Del mismo modo, los halones, muy usados en los extintores de incendios, son más dañinos que los CFC, con los cuales comparten una estructura semejante, pero en lugar de contener cloro, están compuestos de átomos de bromo, lo que los hace más destructivos.

Estas sustancias han ido generando que en determinados sectores del planeta se detecten reducciones anormales de las concentraciones de ozono. El lugar más afectado es el sector de la Antártida, donde cada primavera puede observarse el agujero que existe y donde la pérdida llega al 70 por ciento, mientras que en el Ártico alcanza apenas un 30 por ciento.

Estas degradaciones de los niveles de ozono pueden llegar a provocar un notable aumento en los casos de melanomas (cáncer) de piel, de cataratas oculares, una supresión del sistema inmunitario en humanos y en otras especies, y afectar a los cultivos sensibles a la radiación ultravioleta.

Frente a esta situación, en 1987 se firmó el Protocolo de Montreal, en el cual los países suscriptores se comprometían a mantener los nivels de CFC hasta el año 1986 y a reducirlos en un 50 por ciento para el año 1999. Pero, frente al avance de los estudios sobre el tema, se puso en evidencia la necesidad de reducir más rápida y drásticamente los niveles de estos compuestos, por lo cual en 1990 en la Londres se firmó un nuevo acuerdo que establecía eliminar de forma total el uso de estas sustancia para el año 2000.

En el año 1992, en Copenhague se enmendaron algunas de los articulos del Protocolo de Montreal, adelantando la eliminación de los compuestos degradadores de ozono para 1996. En una gran proporción, los niveles de CFC han sido sustituídos por hidroclorofluorocarbonos (HCFC), el problema es que estos últimos si bien no suponen una amenaza para la capa de ozono, son gases que potencian el efecto invernadero. Esto implicaría cubrir un problema con otro, un remiendo al corto plazo y no una solución conjunta y total para el largo plazo.

Un estudio realizado en el año 2006, explica que la recuperación total de la Capa de Ozono no va a producirse, por lo menos, hasta el año 2050, y que las recuperaciones parciales no van a detectarse hasta el 2024. Hasta entonces el planeta va a tener que estar conviviendo con los peligros y los daños que genera este agujero, que es una clara y terrible señal de la huella que el hombre ha dejado en la atmósfera natural.

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