El debate sobre la explotación petrolera

Un siglo de extracción de petróleo en Argentina

Vivimos inmersos en un sistema de producción dependiente de la generación de hidrocarburos y atados a la aparente necesidad de vivir del “oro negro”, sin cuestionarnos algunas verdades no tan universales sobre el fluido más cotizado y polémico. Cavando hondo, salen a la superficie las otras caras del petróleo. 

por María Paz Rodríguez Striebeck

Casi cien años atrás, en un pueblo pequeño con sólo algunas casitas y unos pocos pobladores, un grupo de obreros e ingenieros comenzaban a perforar la tierra con la intención de encontrar un bien indispensable, el agua dulce. La emblemática torre donde se hallaba la perforadora Fauck fue el origen de varios disgustos, ya que durante meses no se obtenían resultados favorables; nada salía de las profundidades de la tierra y los hombres comenzaban a impacientarse. Fue así como un viernes 13 de diciembre de 1907 algo distinto emergió de las entrañas de nuestro territorio; por primera vez se encontraba petróleo en Argentina, y Comodoro Rivadavia, que había nacido como puerto de intercambio de productos, se convertía en el escenario principal.

En aquellos días, el gobierno nacional, tomó posesión del yacimiento con la intención de evitar apropiaciones privadas y de esta manera reservar el petróleo para satisfacer las necesidades de la población argentina y su correspondiente exportación. De esta manera, el “oro negro” nacía para formar parte de la economía nacional con un valor incalculable. Así, es como comienza la historia de un recurso sometido a continuas disputas, centro de interés de diferentes empresas extranjeras y materia de discusión en la agenda de la administración del Estado.

En principio, se sancionaron decretos que dieron lugar a la primera repartición oficial, y establecieron una reglamentación formando la Dirección General de la Explotación de Petróleo de Comodoro Rivadavia, cuya función consistió en administrar la repartición de los hidrocarburos, destinados, principalmente, a ferrocarriles y a la Armada.

Ya en 1922 se crea Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) y al mismo tiempo asume como primer director general, Enrique Mosconi (1977-1940) quien se encarga de ampliar las zonas de explotación de los territorios pertenecientes a la patagonia, y fomenta la creación de la destilería de La Plata, una de las más grandes del continente que aún continúa en funcionamiento. En uno de sus discursos se puede ver su visión y su intención de un nacionalismo integral, que disgustaba a las empresas extranjeras. Para Mosconi, la exploración, la explotación y el comercio del petróleo debía estar en manos del Estado, “[…] Sin monopolio del petróleo es difícil, diré más, es imposible para un organismo del Estado vencer en la lucha comercial las organizaciones del capital privado”.

Hoy, luego de un siglo, cabe preguntarse en que situación nos encontramos. ¿Qué ocurre hoy en los territorios del sur de nuestro país? Desde una visión economicista, la pregunta más frecuente es: ¿en manos de quién esta la extracción y explotación de los hidrocarburos? Y la respuesta casi inmediata que aparece es, en manos privadas. Esto implica que se intenta generar más producción en la menos cantidad de tiempo posible, es decir, vender más petróleo en menos tiempo. Ahora bien, si el petróleo estuviera en manos estatales, se pueden contemplar otras dimensiones, no sólo los aspectos económicos y financieros. El pueblo puede demandar, a través de sus representantes, una distribución democrática de la energía y el modelo de producción y consumo no tendrá la urgencia del mercado.

Hilando un poco más fino, e intentando profundizar en una visión integral, teniendo en cuenta otros factores, la pregunta que deberíamos hacernos es: ¿para quién y para qué se produce?

El petróleo y sus derivados son materia de generación de energía en el modelo de la sociedad industrial. Según el Observatorio Petrolero Sur, en su cuadernillo “Las huellas del petróleo”, del consumo energético total del año 2006, un 23% correspondió al rubro residencial, mientras que los sectores de transporte e industria consumieron el 28% y 34 %, respectivamente. Además debe considerarse que los sectores que más consumen no se encuentran próximos a los territorios de extracción, por lo tanto no se responsabilizan por los daños ambientales y sociales que generan.

Las consecuencias ambientales están a la vista; son frecuentes los derrames que contaminan cauces de agua, además de afectar a especies animales y vegetales, es decir a los sistemas sostenedores de la vida, de los cuales el hombre forma parte.

Mientras los gobiernos se preocupan por perpetuar la matriz petrolera, basada en la generación de energías sucias y la única pregunta que surge es ¿qué ocurrirá cuando se agoten las reservas?, en la Patagonia argentina la empresa Repsol YPF, planea aumentar su producción mediante la realización de cuatro pozos exploratorios más, el denominado proyecto “Aurora”. El objetivo es recuperarse luego de varios años que la producción viene en declive y el foco de extracción será en las costas del Golfo de San Jorge, precisamente en el puerto de Caleta Olivia. Allí, el escenario lo dice todo, con solo recorrer el espacio y ver la inmensa cantidad de “cigüeñas” que trabajan día y noche para desenterrar aquel deseado tesoro, el oro negro. Allí donde la mano de obra es altamente cotizada y la paga es buena porque resulta difícil trabajar bajo las condiciones climáticas del sur.

Todo esta más que planificado y el petróleo sigue siendo el protagonista principal. Sin embargo, no se habla de los conflictos territoriales con las comunidades originarias. Tampoco se habla de los problemas ambientales.

En Neuquén la comunidad mapuche Cayupán resiste ante el conflicto con la petrolera Pluspetrol. El gobierno neuquino le adjudicó a la empresa un yacimiento que está dentro del territorio mapuche. Ellos luchan por la tierra y por la conservación su cultura ancestral, los grandes empresarios se llenan los bolsillos.

En Río Negro, el gobierno provincial adjudicó la Cuenca del Río Ñirihuau a la empresa YPF-Pluspetrol para trabajos de exploración. El río suministra agua a varias localidades, además de ser una zona de gran diversidad, reserva de numerosas especies.

En Ensenada, provincia de Buenos Aires, los vecinos sufren graves problemas de salud por vivir en los alrededores del polo industrial de YPF, uno de los más grandes del país. Resisten, se movilizan, sobreviven.

Mientras tanto, las cigüeñas permanecen trabajando, lucrando con lo que existe en las entrañas de la tierra, esa tierra que tanto nos da y a la que tanto le debemos.

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