Cosmovisión Mapuche y medioambiente

Armando Marileo:

“Le perdimos el respeto a la vida”

Hijo de autoridades mapuches y portador de una sabiduría ancestral que se trasladó por generaciones, el ngenpin Armando Marileo habló sobre la filosofía de su pueblo y sobre un futuro de coexistencia entre los mapuche y los no mapuche.

por Florencia Yanniello

La importancia de conocer la filosofía de los pueblos originarios reside en poder entender sus valores y creencias, para aprender de estas culturas el respeto por la tierra y por la vida, preceptos que el hombre occidental todavía no logra poner en práctica.

Para los Mapuche el primer nivel de conocimiento que tiene el hombre es la naturaleza, es ella quien le enseña, es su madre y su hermana, porque no se consideran superiores, sino parte de ella. El hombre occidental a diferencia de esta cultura ancestral, no sólo se cree superior a la naturaleza, sino que además la modifica a su antojo.

Así se crean represas, se dinamitan montañas, se desvían ríos. En tiempos de globalización y crisis ambiental, mucho hay para aprender de la cosmovisión de un pueblo que tiene un respeto supremo por la vida.

“Hay que asumir la lógica natural y así aprender a convivir con la naturaleza”, dice Armando Marileo, quien brindó una cálida jornada en Radio Nacional de Bariloche explicando algunos conceptos clave de la sabiduría ancestral del pueblo mapuche. Marileo es un ngenpin, es como un filósofo, una persona que conoce mucho sobre la cultura mapuche y tiene un buen manejo del mapuzungum, la lengua de este pueblo. Trabaja con las comunidades para ayudarles a recuperar esta cultura y también con personas no mapuches, para enseñarles de la sabiduría de este pueblo y lograr que la gente respete y reconozca la cosmovisión mapuche.

“La coexistencia no sólo es entre culturas, sino también entre los animales, las plantas, las piedras”, cuenta el ngenpin. Marileo explica que cada elemento de la naturaleza tiene un newen, una fuerza en su interior y que el hombre, como parte de la naturaleza, debe pedirle permiso a esos elementos para modificarlos, si realmente lo necesita.

“Originariamente, cada Mapuche debía proteger el círculo que se formaba a su alrededor con la línea del horizonte, es decir, hasta donde llega la vista de cada uno. Ese espacio estaba a cargo de uno y debía garantizarse su protección. Así se cuidaba toda la naturaleza, cada uno un pedacito”, explica.

Los Mapuche tienen un sentido de protección y preservación de la tierra que se manifiesta en cada acto mínimo. Todas las ceremonias y las costumbres de este pueblo están guiadas por las fuerzas naturales; se levantan al amanecer y aprovechan la energía que el sol les provee por la mañana, se bañan temprano, porque a la noche el agua está en reposo y les absorbe la energía, conocen de plantas medicinales, viven en permanente contacto con la naturaleza, priorizando la armonía entre los humanos, las plantas, los animales, los insectos, los minerales, al agua, el viento y cada uno de los elementos naturales que coexisten en la Mapu.

Sin embargo, conviven también con una cultura avasalladora que les impuso una institucionalidad y una lengua ajena. Pero, a pesar de haber sido oprimidos durante más de un siglo, creen que hoy es posible una relación de tolerancia y reciprocidad entre mapuches y no mapuches.

“Existe un futuro en el que ambas culturas pueden coexistir en armonía, pero para eso los no mapuches deben aprender a respetarnos y a valorar nuestra filosofía. Debemos estar en la búsqueda permanente de la humildad, nosotros consideramos que el más humilde es el más sabio”, manifiesta Marileo.

Muchos creen que los pueblos originarios están extinguidos, otros los consideran inferiores o tienen una mirada folclórica y frívola; pero los pueblos originarios siguen existiendo y son portadores de una sabiduría ancestral que los hizo sobrevivir durante siglos sin modificar ni contaminar la naturaleza, conviviendo con el resto de los seres en armonía y procurando generar el menor impacto en la Mapu, la tierra de la cual forman parte.

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