Día de la Minería

Política Minera: Una historia de

hipocresía y desprotección

por Adelaida Matos

El Día de la Minería fue decretado para conmemorar la Primer Ley de Fomento Minero de la Argentina impulsada por la Asamblea del año XIII, con la que se comenzaron a desarrollar las primeras intervenciones mineras del incipiente Estado argentino de aquel momento. Pese a que hoy tenemos mayor conciencia ambiental y una postura distante del neoliberalismo de los noventa, los negociados políticos que le permitieron a empresas extranjeras en sociedad con agentes nacionales, explotar nuestros bienes naturales, continúan siendo los mismos.

Ejemplos hay de sobra. Particularmente en noviembre del año pasado el Gobierno Nacional dio sobrada cuenta de cuáles son sus intereses y preocupaciones en materia de explotación minera y conservación de nuestro patrimonio natural. En una maniobra política la Presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner terminó de darle todas las herramientas legales a la empresa Barrick Gold para emprender otro desastre ocasionado por la minería a cielo abierto, promoviendo el saqueo neo colonial al que habilita la actual Ley de Minería.

El hecho puntual del que hablamos es el veto a la “Ley de presupuestos mínimos para la protección de los glaciares y del ambiente periglaciar”. El proyecto fue ideado por la diputada con  mandato cumplido Martha Maffei quien también formó parte del debate y declaró: “Tenemos que preservar los glaciares a sangre y fuego, porque ahí está casi 70 por ciento del agua potable” del país, y recalcó que no se trataba de prohibir la minería sino de evitar que la actividad “nos mate a todos”.

La presentación se realizó en octubre del año pasado y estuvo a cargo del diputado nacional Miguel Bonasso, presidente de la Comisión de Medio Ambiente de la Cámara de Diputados. El proyecto fue aprobado por unanimidad en la Cámara de origen y con tres disidencias en el Senado. Sin embargo, esta ley aprobada por el Congreso amenazaba la concreción de un mega emprendimiento minero en el que, entre otros, los hermanos Gioja (uno gobernador y el otro Senador por la provincia de San Juan) y el matrimonio Kirchner obtendrían sumas muy importantes en sociedad con la multinacional Barrick Gold.

En diciembre la ley fue vetada por la presidenta y en cuanto fue enviada a revisión al Congreso los legisladores del Frente para la Victoria votaron en contra de lo que hacía dos meses habían aceptado, en clara obediencia a un mandato partidario.

Los legisladores no pensaron en defender los bienes naturales ni en el impacto ambiental que las minas a cielo abierto provocan a los ecosistemas, sin contar con lo que la ley de minería actual permite, como por ejemplo que ningún gobierno, ni nacional, ni provincial o municipal pueda explotar por sí solo los recursos mineros. Esto implica que además de causar un impacto fuertísimo y modificar el estado de la naturaleza las multinacionales se llevan casi la totalidad de las ganancias que esta actividad genera.

La Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires repudió el veto presidencial ya que consideró que la protección de los glaciares es vital y es un  “tipo de problemas que exigen un análisis interdisciplinario que apunte a la elaboración de políticas de estado que permitan preservar el recurso y proteger el medio ambiente en su conjunto”. Además es importante recalcar que en la resolución publicada por esta institución se declaró que:“desde el punto de vista estrictamente técnico, como lo ha manifestado recientemente el INTI entre otras instituciones, no existen antecedentes mundiales de operaciones mineras, petrolíferas, industriales o arquitectónicas de gran dimensión, en o sobre formaciones glaciarias o periglaciarias que hayan resultado de nulo o mínimo impacto sobre las mismas”

En tanto, el Diputado Miguel Bonasso, quien renunció al kirchnerismo por este tema, aseguró que ” no pasarán sobre los glaciares, y esa es una decisión firme y transparente”. Además sentenció: “Hay que preservar los recursos hídricos. Sin oro podemos vivir, pero sin agua no”. Mientras tanto, el debate sigue en pie, así como el veto y la desprotección de los glaciares.

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