Día Internacional del Medioambiente

Desechando nuestro futuro

por Daiana Melón

La moda nos impone que, cada temporada, los colores, los modelos, los cortes, los accesorios cambian, y para no quedar fuera de este mundo, es necesario renovar guardarropas, adquiriendo nuevas prendas, zapatos, carteras, accesorios, anteojos…

La tecnología nos empuja a renovarnos en período de meses. Así, sale un celular con cámara, con filmadora, sin botones, más chico, mucho más chico, muchísimo más chico, mínimo, con filmadora, con mp3, con mp4 …y para no quedar desactualizados y fuera de onda hay que ir a este ritmo, todas estas “novedades” que se le agregan son indispensables para el desarrollo de la vida.

La industria automotriz nos empuja a adquirir que cada vez realizan más funciones, a cada vez mayor velocidad (¿a dónde estamos tan apurados por llegar?). Así, se vuelve indispensable cambiar el vehículo en períodos cortos de tiempo. Autos iguales en calidad, pero con diferentes packaging.

¿Para qué continuar consumiendo las bebidas en botellas de vidrio? (lo cual implica tener que ir con la botella de vidrio, dejarla en la caja del supermercado y tener que ir a buscar otra de vidrio llena, que es mucho más pesada),  teniendo la posibilidad de comprar una botella de plástico y así ahorrarnos tanto trabajo.

Para que continuar usando pañales de tela (que hay que lavarlos, fregarlos, soportar el olor, para que, a los 5 minutos, el bebe lo vuelva a ensuciar), teniendo la posibilidad de comprar pañales plásticos que no hay necesidad de limpiarlos.

Y así, con muchísimas innovaciones que han ido surgiendo a lo largo de los años en el mercado mundial. Mientras tanto, empresas trasnacionales se llenan de plata por el simple hecho de generarnos necesidades, que no son muy necesarias, pero que se transforman en indispensables para el desarrollo de nuestras vidas.

Pero en todo este trayecto de comprar, consumir, desechar, comprar, consumir, desechar , comprar, consumir, desechar, y así ad infinitum, alguien se detuvo dos segundos a pensar: ¿a dónde van nuestros desechos? ¿qué se hace con ellos?…

La huella ecológica es un indicador que sirve para medir el área de territorio productivo que sería necesario para asimilar los residuos generados por las personas y para producir los bienes que, durante muchísimo tiempo, el hombre ha saqueado de la naturaleza, promovido por la idea de que la tierra le pertenece y en su afán de lucro inconmensurable.

Tomando este indicador, la población estadounidense, por ejemplo, necesitaría 9,4 planetas tierra más para desarrollar su vida, librada al consumo, manejada por las empresas transnacionales que, a su vez, bombardean a las personas con publicidades con las cuales generan la ilusión de que sus vidas serán más felices, estarán más llenas y, por consiguiente, se sentirán mejor consigo mismos si se adaptan a este modelo, librado – y liberalizado- a las reglas del mercado.

En el otro extremo, Malawi o Afganistán necesitarían 0,5 planetas tierra para el desarrollo de la existencia de su población en concordancia con el modo de vida que llevan. Pero, por supuesto, estos países del “Tercer mundo” (como han sido llamadas muchas naciones por parte de las potencias occidentales) pertenecen a los relegados del sistema, a los que no encajan en él y, por ello, son arrojados al  olvido por no saber adaptarse a los patrones actuales de la vida humana, por la simple razón de no poseer las mismas necesidades que los “avanzados”.

Por su parte, y en una posición más intermedia, Argentina necesitaría 2,5 planetas tierra para desarrollar su vida, acorde a los residuos que produce y a los bienes naturales que comercializa y vende a grandes multinacionales, que, por apenas unos millones (los cuales para ellos no significan más que un vuelto), se proveen de agua, de petróleo, de metales (y con este increíble combo viene también incluida la posibilidad de no contaminar a “consumidores puros” perfectamente adaptados al sistema, sino a personas “tercermundistas”)…

Entonces, llega el momento de reflexionar, de detenerse en la carrera consumista por un segundo y pensar: ¿qué estamos haciendo?, ¿vestir a última moda va a servir de algo cuando el medio en el que vivimos sea un lugar inhabitable? o ¿los 15 celulares con cámara que compramos al cabo de tres meses nos van a servir para filmar el ocaso de la humanidad? o ¿alguien cree que los autos cada vez más lujosos o más veloces van a servir como transporte para escapar de la tierra?, o ¿las inmensas cuentas alojadas en algún banco de Suiza van a servir para comprar un planeta nuevo?.

Nada de esto va a servir cuando lleguemos al lugar al cual nosotros mismos nos conducimos, no va a haber una solución tecnológica o virtual cuando el medioambiente, cansado de nuestros constantes insultos y violaciones, nos de sus respuestas. El planeta tierra no se puede reciclar, ni arreglar y, sobre todo, no es un producto de consumo que se consigue en los mercados.

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