Gestión de los residuos en la zona metropolitana

La basura de las capitales

El colapso del modelo CEAMSE, puso en evidencia la urgente necesidad de una gestión integral de los residuos sólidos urbanos de la región. En el partido de La Plata, mientras se espera la construcción de una planta de tratamiento que promete poner fin al relleno sanitario de Punta Lara, organizaciones e investigadores piensan en alternativas ambientalmente posibles y socialmente justas, que dejen de mirar al residuo desde la lógica del mercado. Separar, recuperar, reciclar y sobre todo, incorporar el paso más importante a esta cadena: reflexionar sobre el sistema de producción y consumo.

por Florencia Yanniello – (Publicado en Revista Materia Pendiente)

La gestión de los residuos sólidos urbanos es un problema en toda la provincia de Buenos Aires; si bien existen algunos casos aislados de pequeñas ciudades que se consideran “modelo” en cuanto al tratamiento que le dan a la basura, la realidad es que en el área metropolitana el modelo predominante es el de enterramiento en rellenos sanitarios, administrados por el cuestionado CEAMSE (Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado).

La región integrada por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el Conurbano Bonaerense, La Plata y el gran La Plata, produce una enorme cantidad de residuos en comparación con otras zonas y desde hace tiempo vecinos y organizaciones denuncian que los rellenos sanitarios, ubicados en el cordón periférico que bordea la Ciudad de Buenos Aires, están colapsados. Además plantean que se hacen grandes negociados a costa de la contaminación del ambiente y la salud de la sociedad. Aluden que el modelo CEAMSE garantiza los negocios a los proveedores del sistema de higiene urbana y esconde el accionar irresponsable del empresariado.

CEAMSE_Tractor_Relleno

En La Plata, los pobladores de la zona exigen el cierre definitivo del relleno sanitario de Punta Lara desde hace casi diez años. Sostienen que viola las leyes ambientales vigentes y que además no cumple con un convenio firmado ante la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires en el año 2008, mediante el cual se obliga al gobierno provincial a cerrar el relleno.

La discusión sobre el agotamiento de los rellenos sanitarios para la disposición de los residuos puso aún más en evidencia la urgente necesidad de una reflexión integral que aborde de manera responsable el diseño de soluciones desde las políticas públicas, teniendo en cuenta que la problemática de la basura está asociada al sistema de producción y costos existentes en la matriz productiva actual. Pensar al residuo como producto del consumo humano, del cual hay que hacerse cargo, es el primer paso.

La tierra debajo de la alfombra

El CEAMSE tiene influencia sobre la superficie del al área metropolitana: abarca la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y 34 municipios del Conurbano de la Provincia, y su capital accionario es compartido por el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires  y el de la Ciudad de Buenos Aires.

Como es de público conocimiento, el CEAMSE no nació de la planificación estratégica, sino de las necesidades circunstanciales de la dictadura de 1976. Se creó mediante el decreto ley 91-11 en el año 1978 y se obligó formalmente a todos los municipios del Conurbano a entregarle los residuos sólidos urbanos a esta entidad, para que sean dispuestos bajo la tecnología de rellenos sanitarios, en un cinturón o cordón periférico que bordea la Ciudad de Buenos Aires. Se trataba de zonas bajas, que según la percepción de la época debían ser saneadas mediante esa técnica, que lograba “recuperarlas” y ponerlas a disposición para actividades recreativas o de parquización.

“En su momento los rellenos fueron superadores de la opción tecnológica que se usaba, que era la incineración, es decir, se quemaba toda la basura. Se logró controlar con el confinamiento, porque claramente, los riesgos de contaminación son menores”, señala Ramiro Sarandón, profesor e investigador de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo, de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).

En este sentido, Gustavo Bulus Rossini, del Centro de Investigaciones del Medio Ambiente de la Facultad de Ciencias Exactas (CIMA) de la UNLP, explica: “Se trata de una tendencia que domino las obras ingenieriles los últimos 80 años, se consideraba que los humedales eran tierra improductiva sin ningún valor y el hecho de rellenarlo aunque sea con basura, lo mejoraba, se le daba un uso y un destino”.

Sin embargo, la creciente movilización de comunidades afectadas por la contaminación, que se organizaron para impedir la instalación en cercanías de sus barrios o localidades de nuevos centros de disposición final de residuos, hizo que a los gobiernos les resulte ineludible el colapso de los rellenos y el impacto ambiental y sanitario que producen.

“Los intentos de identificar o lograr nuevos sitios para instalar rellenos han fallado, se llegó a pensar incluso en un tercer cordón del conurbano en las localidades de San Vicente o Brandsen, aunque las comunidades locales rechazaron esos modelos. Está claro que nadie quiere recibir la basura de todo Buenos Aires”, expresa Sarandón.

“Basura Cero” en La Plata

“La ciudad de La Plata, como casi toda el área metropolitana de Buenos Aires había quedado atrapada como rehén del modelo CEAMSE, no solamente desde el punto de vista operativo, sino también normativo”, explica Sergio Federovisky, titular de la Agencia Ambiental de La Plata.

En el año 2007, mediante la Ley Provincial 13.592, que avaló la posibilidad de que aquellos municipios que decidieran crear programas de gestión de residuos por fuera del CEAMSE pudieran hacerlo, la Municipalidad de La Plata avanzó en establecer una serie de normativas que habilitaran a la ciudad a desarrollar su propia política de residuos.

Así fue que se implementó desde diciembre de 2009 un programa de Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos, a partir de la sanción de la Ordenanza Municipal 10.661, de “Basura Cero”, que, como señala Sergio Federovisky, “fue desarrollada en conjunto con las organizaciones no gubernamentales”.

El sistema contempla la separación en origen, la recolección diferenciada, la clasificación, el acopio, y en algunos casos, el procesamiento de los residuos en cooperativas de trabajo de separación y clasificación de residuos. Se separan los residuos secos –botellas de vidrio y plástico, latas, metales, envases de lácteos, tetrabrik, bolsas de polietileno, papeles y cartones – en bolsas color verde, que son recolectadas por camiones de residuos secos, antes de las ocho de la mañana y son llevados a una planta modelo donde los trabajadores tienen a cargo la clasificación de los materiales a reciclar.

En relación a esto, Federovisky expresa: “Para nosotros la ordenanza está completamente vigente, es clara respecto de los propósitos y muy seria respecto de cuales son los conceptos que tiene que tener el municipio. Es una legislación que le da al gobierno la posibilidad de hacer una gestión integral de los residuos, entendemos que es bastante buena, aun cuando fija valores de referencia”.

Para las organizaciones ambientalistas, el sistema de recolección diferenciada representa un primer paso hacia una gestión integral, aunque no alcanza.  En este sentido, Horacio de Beláustegui, presidente de la Fundación Biósfera, señala: “Hoy en día La Plata tiene una normativa muy buena, única en nuestro país y envidiada por varias ciudades de América. Tenemos una ordenanza muy buena de residuos cero hace tres años, aprobada por unanimidad del Concejo Deliberante, pero no la podemos poner en práctica. A mi me da un poco de tristeza y fastidio”.

La ordenanza municipal, a diferencia de la Ley de Basura Cero de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, no prohíbe la incineración de residuos (VER ¿Incineraciones encubiertas?). “Esta es una ordenanza que no prohíbe tecnologías, nosotros entendemos que hay una avance cotidiano de la eficacia de la tecnología y no tiene  ningún sentido eliminar una variante tecnológica que en el futuro pueda ser posible. Sí quedó explícitamente en la ordenanza que no se va a aceptar ningún tipo de tecnología que de cómo resultado la liberación de toxinas”, explica Federovisky.

El informe de la UNLP y la UTN

Para poder desarrollar de manera completa la gestión integral de los residuos, el Municipio de La Plata solicitó en el año 2007 ala UNLP y a la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) un informe que fue elaborado por un grupo de investigadores, coordinado por Sarandón.

La solicitud concreta fue la de elaborar un plan para el manejo de los residuos, en principio para el municipio y luego para la región, y la selección de un sitio en donde se pudiera llevar adelante la disposición final de los residuos, asociada al cierre del establecimiento de Punta Lara. El documento se realizó de manera interdisciplinaria; fue presentado formalmente a finales del 2008 a todos los concejales de la zona y discutido con los intendentes y con el gobernador Daniel Scioli.

“Nosotros respondimos al pedido, pero elaboramos un proyecto que fue superador a la solicitud del municipio, porque planteamos esencialmente un cambio de paradigma para salir del modelo CEAMSE”, explica Sarandón. El informe es un plan estratégico que tiene tres aspectos: un análisis técnico económico, uno territorial y otro de gestión. En este sentido, Sarandón explica: “Elaboramos seis alternativas diferentes e intentamos plantear un modelo ideal para la región, que consta esencialmente, de una planta de tratamiento en donde hubiera zonas de recepción, instancias de separación y recuperación a escala industrial, aplicando maquinarias, sistemas magnéticos para recuperación de metales, cintas transportadores automatizadas, etc”.

El documento que elaboraron ambas universidades, sentó las bases para una licitación pública internacional para la construcción de un centro integral de tratamiento y disposición final. “Nos convocaron para formar parte de la comisión preadjudicatoria, para armar el pliego y posteriormente a la adjudicatoria para evaluar las propuestas y seleccionar a quien quedó finalmente”, señala Sarandón.

Finalmente, se confirmó la adjudicación para la construcción de la planta; a la licitación pública se presentaron siete empresas de las cuales se seleccionó una Unión Transitoria de Empresas (UTE) conformada por dos empresas platenses: Esur, actualmente encargada de la recolección de residuos y MGM, y la empresa española Griño Ecologic, que tiene más de 80 años de experiencia en manejo de residuos.

“El sistema está diseñado para que el total de los residuos de la región capital se traten en esa planta”, explica Sergio Federovisky, y según señala, procesará mil toneladas diarias de residuos sólidos urbanos que provendrán en un 70% de la ciudad de la Plata. La planta recibirá los residuos a través de camiones, y una vez realizados los distintos procesos mecánicos y manuales de separación, se obtendrán en la salida cuatro “sub-productos”: materiales para combustible sólido recuperado, materiales orgánicos para abono, material de relleno no contaminante y residuos valorizables.

“Previa separación del material potencialmente reciclable, todo aquello que ingresa a la planta y no puede ser recuperado, tiene que ser tratado en una fracción orgánica, para la generación de compostaje y una inorgánica, con la que se va a producir un material triturado mecánicamente conocido como combustible sólido recuperado, que tiene alto valor calorífico, que se va a utilizar en los hornos de las cementeras, en reemplazo del carbón o de coque. Y la fracción restante, que se calcula que será un 20 o 15 %  se va a inertizar para rellenar canteras. No hay necesidad de enterramiento ni de relleno sanitario y el 100 % de los residuos tendrá destino”, explica Federovisky.

Obras frenadas

Se esperaba que la planta estuviera en funcionamiento durante el primer trimestre de 2012, sin embargo hasta el momento sólo se construyó el camino. En relación a esto, Sarandón manifiesta: “se buscaron distintos lugares para la planta de tratamiento; se pensó en Abasto, en donde están los parques industriales, pero la gente empezó a rechazar el proyecto. Los vecinos tienen miedo, creen que le van a poner un relleno sanitario, aunque esto no tiene nada que ver con eso. Los gobiernos municipales, provinciales, y nacionales no han sido ni transparentes ni confiables en torno a la gestión de los residuos, entonces la gente no les cree”.

En ese contexto, Sarandón explica que fue complejo el proceso de definición del sitio para la instalación de la planta (VER “Poblet: el informe de la Facultad de Cs. Exactas”), aunque finalmente el municipio de Ensenada, ofreció terrenos en Diagonal 74, cerca del actual predio del relleno sanitario del CEAMSE de Punta Lara.

No obstante, Alicia Ronco, directora del CIMA, señala: “La zona en donde se va a instalar la planta es una planicie costera, no es el mejor lugar porque se trata de un humedal. Es lo mismo que se viene haciendo desde hace 30 años. En Villa Domínico ya se formaron las colinas de tanto rellenar”. Por su parte, Gustavo Bulus Rossini, también del CIMA, agrega: “Para mantener la altura de la Diagonal 74, el camino está alteado casi dos metros sobre el nivel del suelo, eso demuestra que se trata de una planicie de inundación baja”.

La Municipalidad de La Plata le transfirió al gobierno provincial el proceso de licitación; sin embargo, las obras de la planta nunca comenzaron. “Pasaron tres años y vemos que el gobernador está incumpliendo el compromiso asumido, que de esos 40 millones de dólares que cuesta la planta, sólo pagó una parte muy pequeña que alcanzó para hacer solamente la entrada.”, manifiesta De Beláustegui.

 “Nos preguntamos por qué va tan lento, y en el fondo sabemos que hay una cuestión de intereses. El tema de la basura económicamente tiene una magnitud muy importante, estamos hablando de miles de millones de pesos por año. Hay muchos negocios en blanco y en negro”, plantea Ramiro Sarandón.

La Comisión de Seguimiento de la Ordenanza de Basura Cero, de la cual forma parte la Fundación Biósfera, presentó en agosto una nota al intendente Pablo Bruera manifestando su preocupación por el atraso de la obra. “Lo que queremos es que esto funcione, no que duerma en los cajones, porque sabemos el riesgo ambiental que esto conlleva y el costo en salud que estamos teniendo”, señala De Beláustegui,

Al cierre de esta edición y al ser consultado por los avances en la construcción de la planta, el titular de la Agencia Ambiental, Sergio Federovisky, manifestó: “En este momento está en el inicio la construcción. En estos días ya se acordó el mecanismo de financiación porque había un atraso por parte del gobierno de la provincia en la transferencia de los fondos y una vez aprobado eso comienza la construcción, como lo está exigiendo la Corte Suprema y como exige el contrato. En un año debería estar terminada”. Además, Federovisky aseguró que en el momento que esté en funcionamiento la planta “se dejarán de enviar automáticamente residuos al relleno, porque como indicó la Corte, se debe cerrar el CEAMSE de Punta Lara”.

Un nuevo paradigma

 “A esta altura en la región lo que necesitamos es desarrollar un sistema de recolección de residuos más enérgico, un proyecto de educación, como lo dice la ordenanza. Pero un plan educativo no consiste únicamente en dar charlas en las escuelas, hay que desarrollar un programa, hay que monitorearlo e ir corrigiéndolo, para que nuestra ciudadanía vaya teniendo buenas prácticas ambientales, ya sea tanto en la generación de residuos, como en la  separación en origen y la disposición final. No se trata de hacer volantes y dar un par de charlas”, manifiesta Horacio de Beláustegui.

Las organizaciones plantean la necesidad de pensar a la basura como el derivado de las relaciones de producción y consumo, para tomar conciencia de que la mayoría de las cuestiones tienen que ver con que la sociedad logre modificar sus patrones y pautas de consumo, minimizando la generación de residuos. Es importante incorporar la responsabilidad en la decisión de compra, privilegiando la selección de artículos que generen la menor cantidad de basura posible, acompañado con políticas de separación de residuos.

Según la organización GAIA, (Alianza Global para Alternativas a la Incineración) -una red internacional que busca eliminar todas las formas de incineración de residuos y promover la Producción Limpia, la meta de Basura Cero y la justicia ambiental internacional-,  la opción ideal son los sistemas de Basura Cero con inclusión social, que incluyen responsabilidad extendida del productor, diseño ecológico de los productos, reducción y separación en el origen, recogida selectiva, reutilización, reciclaje, compostaje o digestión anaeróbica de orgánicos, educación y activa participación de la ciudadanía y reconocimiento y dignificación del rol de los recicladores informales.

“Basura Cero es una alternativa para una ciudad de cualquier tamaño, requiere principalmente de voluntad política. Los programas de Basura Cero son completamente escalables según el tamaño de la ciudad, pero también pueden desarrollarse de manera sectorizada. De esta manera se descentraliza y se democratiza la gestión de los residuos, distribuyendo los beneficios y los eventuales impactos, que en el caso de la incineración y los rellenos siempre se centralizan y afecta a las poblaciones más vulnerables”, sostiene Eduardo Giesen, Coordinador Latinoamericano de GAIA.

Giesen señala que es necesario responsabilizar al sector privado por los impactos de las partes y los envases de sus productos, eliminando especialmente los tóxicos y evitando los no reciclables. “Las industrias deben subordinarse a políticas públicas  y no al revés”, agrega.
Al enfoque simplificador y cortoplacista con el que se suele abordar esta problemática, la ciudadanía ambiental contrapone un enfoque complejo, que cuestiona directamente el esquema actual de producción y consumo y que considera las múltiples interrelaciones involucradas en este proceso.

“Definitivamente se requieren cambios estructurales del sistema político-económico dominante, basado en patrones de producción y consumo completamente insustentables; en la privatización del manejo de materiales y residuos en todo su ciclo de vida: extracción, procesamiento, transporte, consumo, desecho; y en la acumulación y el crecimiento indefinido”, concluye Giesen.

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Poblet: el informe de la Facultad de Cs. Exactas

Como resultado del informe que realizó la UNLP a pedido de la Municipalidad de La Plata, con el objetivo de designar una zona de emplazamiento de la planta de tratamiento de residuos, se determinaron las zonas que en principio serían aptas para el tratamiento y la disposición final de la zona capital. Antes de definirse que la planta estaría emplazada en Ensenada, se barajaron dos zonas en Punta Indio, que se descartaron por la distancia; dos en Brandsen, porque el municipio promulgó una ordenanza que prohibió el ingreso de basura de otros municipios; y finalmente la opción más viable era Poblet, un pequeño pueblo agrícola ganadero, cercano a Lisandro Olmos.

“La gente de Poblet reaccionó frente a este escenario y se acercó a la Facultad de Ciencias Exactas de la UNLP a pedirnos ayuda. Hicieron un listado de preguntas vinculadas a cuáles podían ser los impactos de la planta funcionando, haciendo mucho hincapié en los impactos que podía llegar a tener en los acuíferos, sobre todo en la cuenca del Arroyo del Pescado, que dentro de la región es el reservorio de agua más grande”, explica Alicia Ronco Directora del Centro de Investigaciones del Medio Ambiente (CIMA),  de la Facultad.

“Revisamos el informe, buscamos información que estuviera disponible de manera bibliográfica de la zona, y concluimos en que se trataba de una zona de captación subterránea, de alimentación de los acuíferos, es decir, lo que se llama una zona de recarga. A partir de eso y sumado a otras características particulares del sector, emitimos un informe ecxplicando que la zona no reunía todas las condiciones necesarias para la instalación del centro de tratamiento”, recuerda Gustavo Bulus Rossini, investigador del CIMA.

Los vecinos de Poblet presentaron el informe del CIMA en el Concejo Deliberante y los concejales hicieron suyas las observaciones. “El documento resaltaba que no era el sitio ideal, como lo aseguraban el informe de UNLP y los que hicieron otros organismos”, manifiesta Bulus Rossini.

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¿Incineraciones encubiertas?

La incineración de residuos es peligrosa por el daño que pueden causar sus potenciales emisiones -metales pesados, dioxinas y furanos, partículas, óxidos de azufre y nitrógeno, etc.- al ambiente y sobre todo, a la salud humana, ya que pueden generar cánceres de distinto tipo, malformaciones genéticas, trastornos del crecimiento, disfunciones sexuales y enfermedades cardio-respiratorias.

Esta técnica, que durante décadas se planteó como la solución mágica para tratar los residuos de las grandes ciudades, genera un rechazo mundial, ya que a pesar de que las empresas de incineración aseguran un monitoreo continuo de los gases de las chimeneas, en la práctica se reduce a unas pocas sustancias.
Si bien la planta de tratamiento de residuos que se construirá en Ensenada no incluye la incineración directa, contempla la elaboración de combustible sólido recuperado, un compuesto que se utiliza para hornos de cementeras. En este sentido, Eduardo Giesen, de la organización GAIA (Alianza Global para Alternativas a la Incineración), explica: “Lo que se va a realizar en la Planta es definitivamente es incineración, porque es combustión de residuos, y tiene los mismos riesgos e impactos que la incineración convencional”.

Según explica, esta práctica es una tendencia en todo el mundo, y las comunidades y las organizaciones ya están reaccionando, como el caso de Huichapan, en el estado mexicano de Hidalgo, donde la cementera CEMEX estaba quemando residuos de la ciudad de México DF, desde que se cerró el gran vertedero Bordo Poniente.

Publicado en: Revista Materia Pendiente. Nº 16, Año 5, Primavera 2012.

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