El ambiente en la agenda mediática

Mejor no hablar de ciertas cosas

Periodistas de medios masivos y alternativos, comunicadores y académicos opinan sobre el lugar que ocupa el ambiente en la agenda de diarios, radios y canales de televisión. De la banalización al oportunismo político, problematizamos un tema tan transversal como polémico, que se instaló gracias a la movilización de asambleas y ONG’s.

Por Florencia Yanniello para Revista Materia Pendiente

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Que hubo un quiebre en la difusión de las problemáticas ambientales a partir del conflicto de las papeleras, no se puede negar. Que ciertos medios comenzaron a darle mayor importancia a estos temas en los últimos años, tampoco. Pero la realidad es que el ambiente es noticia cuando es catástrofe o cuando es excusa para calumniar o difamar al partido, al medio o al grupo empresarial opositor. Mientras tanto, sigue siendo rehén de múltiples disputas, sin reconocerse como una prioridad a la hora de hacer comunicación.

Algunos sostienen que el periodismo ambiental surge como una nueva especialización dentro de un periodismo cada vez más fragmentado (ver “¿Existe el periodismo ambiental?”). Desde hace algunos años la mayoría de los medios de comunicación incorporaron al menos un columnista que aborda los temas ambientales. De la mano de TN Ecología, pasando por los artículos de Laura Rocha en La Nación, las columnas de Gabriela Vizental en el programa de Víctor Hugo Morales -en Radio Continental- y las publicaciones de algunos periodistas como Darío Aranda en Página 12, el ambiente, de a poco, va llegando a los medios masivos.
Los periodistas atribuyen este cambio a los movimientos socioambientales y a las ONGs ecologistas , y marcan como hito fundamental el conflicto internacional con Uruguay por las papeleras en el año 2006. Sin embargo, no se trata de un tema que esté en agenda constantemente, sino que aparece en ciertas ocasiones.
Pareciera que existe una tensión entre la lógica mediática y la mirada ambiental, ya que la primera se construye en base a la coyuntura y la segunda tiene que ver con el largo plazo, ya que las definiciones de las problemáticas en torno al tema implican procesos.

El ambiente como chicana

“Creo que el tratamiento de los temas ambientales en los medios masivos de comunicación no tiene la frecuencia y la profundidad que deberían tener. Sin embargo, desde hace un par de años, especialmente por la presión vecinal, comenzaron a aparecer conflictos sociales y ambientales en los medios”, señala Laura Rocha, periodista del diario La Nación, especializada en temas de ambiente e integrante de la Asociación Argentina de Periodistas Ambientales (AAPA).
En esa misma línea, Pablo Gavirati, Becario doctoral UBA-CONICET y colaborador de ComAmbiental, -portal dedicado a difundir temáticas ambientales-, manifiesta: “Los medios masivos cada vez más hablan de ambiente, pero esa tematización es desde la lógica de la construcción de la noticia y depende el medio que hable va a construirla según sus propios intereses”.
Pamela Sioya, también integrante de ComAmbiental, recuerda cómo Clarín y Canal 13, en enero y febrero de 2012, se hicieron eco de las denuncias de las asambleas del noroeste argentino que luchan contra los megaemprendimientos mineros en la Cordillera de los Andes: “Clarín puede hablar de megaminería ahora, en contra de La Alumbrera, porque está vinculada a la provincia de Catamarca, que es oficialista, pero no lo hizo antes y así sigue teniendo publicidad en sus medios. Son contradicciones que tienen los medios comerciales, parece que el que define es el área de legales del medio y no el periodista”“Se utiliza al ambiente para hacer chicanas, no para plantear un debate más serio y profundo, la dirigencia política está atrasada o alejada de una perspectiva crítica y profunda del tema”, agrega Gavirati.
Por su parte, Laura Rocha, también cita el ejemplo de la minería para demostrar cómo los intereses políticos y económicos siempre están presentes: “aunque haya una movida política para ligar la actividad al gobierno nacional, se puede inferir que el silencio ante el cual este tipo de industria avanzaba en la Argentina también obedecía a intereses. En cualquiera de los casos creo que siempre es mejor que la problemática se discuta, se debata y se conozca”.
En ese sentido, la periodista señala que la función de los comunicadores debe ser la de “dar a conocer todas las posiciones y explicar, según la responsabilidad de cada uno, cuáles son las acciones y los cuidados que se han de tener para las actuales y futuras generaciones”.
Muchas organizaciones ambientalistas, asambleas y comunicadores coinciden en que se silencian o dan a conocer ciertos temas según la conveniencia económica o política del medio. Darío Aranda, periodista del diario Página 12 y del Periódico MU, de la Cooperativa Lavaca, -una publicación mensual en el que los temas ambientales se contextualizan y abordan con profundidad-, sostiene que en los últimos años se puso en evidencia cómo los grandes medios de comunicación manipulan los temas ambientales. “De un día para el otro, Clarín empieza a hablar de minería con amplio despliegue, porque eso está vinculado a la política nacional y al mismo tiempo, Página 12 pasa a silenciar o darle menor cobertura, cuando desde 2009 lo venía cubriendo con amplios espacios”, manifiesta y agrega que sucede lo mismo con el tema sojero y “con todo lo relacionado a las luchas contra el extractivismo”.

Los hitos de la movilización social

El plebiscito sobre las actividades mineras en la localidad chubutense de Esquel, mediante el cual en el año 2003 el 81% de los votantes se pronunció en contra de la megaminería, y el conflicto internacional entre Argentina y Uruguay por la instalación de una planta de producción de pasta de celulosa sobre las aguas del río Uruguay, cuya máxima explosión social se dio entre 2005 y 2006, fueron dos de los grandes conflictos ambientales que lograron instalarse en los medios masivos.
Darío Aranda sostiene que “los que imponen la agenda siempre van detrás de la realidad y en ese sentido, la movilización y la lucha de las asambleas socioambientales, de las comunidades indígenas y campesinas, pusieron en agenda estos temas”.
Paula Wagner, periodista que se desempeñó en el área de prensa de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación desde fines de 2005 a mediados de 2012, coincide en que hubo un cierto quiebre con las papeleras, pero plantea que no fue definitorio: “lo ambiental en ese momento pasó a ser tema de agenda de los medios porque había un conflicto diplomático con Uruguay, eso fue lo que más influyó para que esté en tapa de Clarín o La Nación”.
Wagner señala que existen “zonas blandas” y “zonas duras” dentro de los diarios; las primeras serían las secciones de política, internacionales y economía, mientras que las segundas, de menos lectura y por ende de menor importancia, serían sociedad o información general. “Comúnmente no existe una sección ‘ambiente’; los temas ambientales van cambiando de sección. Eran muy pocos los diarios que tenían un suplemento especial del tema y muchos dejaron de existir”, agrega.
Los periodistas concuerdan en que la lógica mediática es comercial; los periódicos, radios y canales de televisión hacen de la información una mercancía y el ambiente no está exento. En este sentido, Paula Wagner plantea que “los medios hacen sus negocios, puede que algunos periodistas no tengan esa intención, pero no dejan de ser empresas. Siempre fue así, la información es una mercancía y lo ambiental entra en eso”.
En la misma línea, Pablo Gavirati expresa: “No por nada los medios masivos son masivos y se mantienen como tales, a pesar de que hubo un cuestionamiento a partir de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. En esa lógica construyen un consumidor de información”.

El tratamiento en los medios alternativos

Desde hace algunos años los medios alternativos y comunitarios comenzaron a tener secciones específicas sobre la problemática ambiental. Desde la Red Nacional de Medios Alternativos realizaron varias coberturas simultáneas y colectivas; además de que portales, radios y canales de televisión comunitarios le dieron un lugar más protagónico, acompañando la movilización social.
“Los medios alternativos tienen otro tipo de compromiso con los temas ambientales, piensan a la comunicación como una herramienta y les interesa participar y acompañar las luchas, no solamente difundirlas”, expresa María Paz Rodríguez Striebeck, integrante del colectivo de periodismo ambiental Tinta Verde.
En la misma línea, Darío Aranda plantea que “en los medios comunitarios o alternativos, justamente porque no existe el interés económico de la ganancia o de la pauta, se puede publicar mucho más”.
Aranda, sostiene que es necesario mantener y fortalecer a los medios alternativos, pero que es importante no caer en los vicios de los medios masivos. Además, considera que muchas veces “los periodistas no utilizan datos duros o información que existe sobre las denuncias contra el modelo extractivo, sino que terminan haciendo una bajada de línea o un panfleto que no ayuda a hacer periodismo”.
La mayoría de los medios de comunicación alternativos son autónomos aunque no se declaran “independientes”, si no que evidencian su postura de acompañar causas sociales y ambientales. “Desde la política editorial tenemos como objetivo apoyar a esos movimientos ambientalistas y asambleas que trabajan en el territorio. Creo que ahí lo importante es tratar de explicitar la postura del medio. En ese sentido me parece importante ir apoyando la emergencia de una lógica diferente por fuera de la de los medios masivos”, señala Pablo Gavirati.
En coincidencia con Gavirati, Pamela Sioya agrega: “Es importante no caer en querer ser un medio hegemónico; se trata de ser realmente alternativo, pero planteando esa autonomía y compromiso social, de que sirva para una comunicación social y no simplemente por vender noticias”.

Desde las grietas

Si bien es distinto el tratamiento, la profundidad y el compromiso con el que se abordan los temas en lo medios alternativos, Darío Aranda señala que los periodistas no deben dejar de publicar en los medios masivos en la medida que puedan hacerlo: “Creo que hay que forzar esos lugares en los medios masivos, hay que aprovechar las grietas al máximo. Siempre me acuerdo del caso de un compañero sensibilizado con el tema campesino que logró sacar una nota de desalojos en el suplemento La Nación Campo. Yo creo que hay que aprovechar esas grietas como espacios de lucha y no cederlas”.
Si bien a las asambleas y organizaciones de alguna manera les sirve la difusión de las problemáticas en los medios comerciales, por el alcance que tienen, Pablo Gavirati plantea que es importante rever la política de difusión que tienen estos movimientos: “Hay una instancia que es la visibilización, en la que es necesario que se llegue al medio masivo; pero a su vez habría que construir una estrategia más a largo plazo para que los medios comunitarios ocupen un lugar más importante. Porque si no vamos a estar siempre siendo hablados por los medios masivos, con posibilidad de que nos operen los discursos y respondiendo a ellos”.
¿Existe el periodismo ambiental?

Ante un periodismo cada vez más ramificado, nos preguntamos si la comunicación ambiental existe como una especialización a la par del periodismo político, cultural, deportivo, de espectáculos o de tecnología.
“Creemos que el periodismo ambiental está ganando terreno por la necesidad de difundir los temas de la crisis ambiental existente, que cada vez es más difícil de ocultar y silenciar. Es importante darle una dimensión política y abordar las problemáticas ambientales desde una perspectiva que cuestione al sistema extractivo que es la matriz de todos los conflictos de este tipo”, sostiene María Paz Rodriguez Striebeck, de Tinta Verde.
Desde el Centro de Investigaciones del Medio Ambiente de la Facultad de Ciencias Exactas de la UNLP, Alicia Ronco señala que el periodismo ambiental ha crecido mucho en los últimos años, aunque “hay gente muy seria que aborda la problemática con mucha profundidad, mientras que en el otro extremo hay comunicadores que cometen errores conceptuales muy grandes”. Ronco manifiesta que “en muchos casos hay una prensa muy amarilla. El periodismo científico tiene una deuda con la sociedad en temas ambientales, de llevar alternativas de lo que se debe hacer de manera individual y no mostrar sólo la catástrofe”.
En materia universitaria, son pocas las ofertas para formarse en periodismo ambiental. En la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) se dicta un posgrado en Comunicación y Ambiente, orientado a graduados universitarios de diferentes disciplinas relacionadas al ambiente, a la comunicación social y a profesionales vinculados a la gestión pública. Pensada desde un enfoque interdisciplinario, la especialización surgió con el objetivo de llenar un espacio vacío a nivel académico que había en este tema. Hasta el momento de su surgimiento, hace aproximadamente cinco años, sólo existían posgrados sobre el tema en las universidades nacionales de Rosario y de Luján.
“Queríamos generar una formación, pensado no sólo en lo periodístico, sino también en la planificación desde lo institucional. Apuntamos por un lado, a hacer un análisis de medios y a saber escribir sobre ambiente, desde la utilización de los términos hasta saber volcarlo a un nivel más coloquial, y por otro lado, a trabajar las cuestiones institucionales, de gestión”, explica Paula Wagner, quien fue docente de la Especialización.
Wagner agrega que “se evidencia una falta de formación en periodismo ambiental, porque muchas veces las fuentes que se utilizan no son confiables, no son chequeadas o se utilizan mal los términos. A veces los técnicos son muy celosos de su información y es difícil ‘bajarla’ a un lenguaje más corriente. El desafío es pensar hasta dónde es divulgación científica y hasta dónde periodismo ambiental”.

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