Amenazas del nuevo proyecto de Ley de Semillas

Si patentan la alimentación, dominan la vida

“(…) Si controla las semillas, controla la alimentación; ella lo sabe, es su estrategia. Es más poderosa que las bombas, es más poderosa que las armas, es el mejor medio de controlar las poblaciones del mundo (…)”.  

Vandana Shiva

Cerca de 50 personas se acercaron el viernes 5 de diciembre a la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata a compartir una charla debate sobre las modificaciones y amenazas que implicaría la sanción de la nueva Ley de Semillas.

Desde Tinta Verde decidimos impulsar esta jornada en la Facultad, junto a las agrupaciones estudiantes Liberación y Fandango, como una forma de hacer frente a los silencios que existen sobre el modelo de desarrollo hegemónico, tanto en medios como espacios educativos estatales y privados.


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Daiana Melón, integrante de nuestro colectivo, dio inicio al debate sobre el modelo agrario industrial actual. “Las empresas vinculadas a las semillas no producen alimentos, sino mercancías”y nos invitó a  recuperar una idea del movimiento campesino: “Las semillas tienen un lugar especial en la lucha por la Soberanía Alimentaria. Estos pequeños granos son la base del futuro. Ellas determinan, en cada ciclo vital, qué tipo de alimento consumen los pueblos, cómo se cultiva y quién lo cultiva. Pero las semillas también son el recipiente que transporta el pasado, la visión, el conocimiento y las prácticas acumuladas de las comunidades campesinas en todo el mundo que, durante miles de años, han creado la base de todo lo que nos sostiene en el presente”.

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La soja transgénica hoy es un problema, pero no representa el eje del problema, ya que mañana el monocultivo contaminante puede encarnarlo otro cultivo, explicó Melón.

Pese a que la soja ingresa al país durante los años ’90, los pequeños campesinos resisten y aún hoy son los que alimentan al mundo.La comunicadora nombró a las cinco principales empresas que monopolizan el 50% del mercado de semillas: Monsanto 50%, DuPont 15%, Syngenta 9%, GroupeLimagrain 6%, Land O’ Lakes 4%.

El abogado Edgardo González, otro invitado a la charla, recalcó que proteger las semillas es proteger a consumidores y productores y que fueron estos mismos quienes milenariamente vienen preservando y mejorando las semillas a través de las selecciones. Estos avances no se pueden cuantificar en dinero ni adjudicarse a un individuo, sintetizó González.

La problemática que hoy atravesamos tiene una historia de promulgación de leyes y adhesión a normas internacionales que abrieron las puertas a estas empresas en nuestros territorios. México, Colombia y Chile ya fueron escenario de múltiples debates sobre las implicancias de la privatización.

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En nuestro país todavía rige la ley 20247, de 1973, modificada en el año 1994. Melón y González coincidieron en rescatar la historia legislativa de este conflicto y repasaron los acuerdos internacionales que facilitaron la profundización de este modelo, entre los que destacaron la Unión para la Protección de Obtenciones Vegetales (UPOV), administrado en el marco de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, organismo dependiente de que funciona en el marco de la Organización de las Naciones Unidas, y cuyos tratados más importantes son el del año 78’ –del cual Argentina es adherente- y el del año 91’ –que es al cual las grandes empresas quieren que los países latinoamericanos adhieran por establecer un sistema de patentes más amplio-.

“Hoy la ley consagra el derecho del obtentor, es decir, que quien descubre una semilla tiene el derecho pleno de explotación y no alcanza al producto obtenido en la aplicación de la variedad de la siembra. Si se aprobara el sistema de patentes, el panorama cambiará drásticamente ya que la medida alcanzaría  al producto y a todas las generaciones futuras. Es decir que estaremos obligados al pago de regalía obligatoria”, explicó González.

Uno de los principales problemas de esta ley es que pretende quitar el derecho que hoy tiene el productor de guardar sus semillas para próximas cosechas y que pase a pagar regalías de dos tipos: la Global (con la primera venta dela cosecha) y la Extendida (en todas las siembras).
“No quisiéramos llegar a hablar de regalías porque sería una derrota”,enfatizó el abogado, “sería hablar desde el terreno de Monsanto, que pretende imponernos patentes extendidas” y lamentó cómo Monsanto penetra su publicidad en los campos instalando la idea de que hay que pagar una patente que traerá beneficios, y todo esto con aval o falta de inspección estatal.

El rostro que no muestra este modelo: el aumento de estas producciones agrícolas generan un inevitable aumento de los gastos. En referencia a esto, González destacó que el INTA tiene la capacidad técnica de producir semillas y  que los funcionarios están colonizados por la agroindustria.

Las  resistencias y las alternativas

Claudia Flores, de la cátedra de agroecología de la facultad de Ciencias Agrarias y Forestales, realizó una breve historización del devenir agropecuario hasta estos días, destacando a la agroecología como opción real a los monocultivos transgénicos.

 “Hoy comemos calidad cosmética, no nutricional”, expresó la agronóma en referencia a la búsqueda de frutas y verduras redondas, sin picaduras ni manchas. “Para obtener un producto así son necesarios grandes cantidades de agrotóxicos” y agregó que hoy  existe una lucha de paradigmas. “Los agroecólogos observamos saberes de tradiciones campesinas que potencian los procesos ecológicos,  sin uso de agrotóxicos y  generamos otras formas de producir sustentable, sin privatizar, contaminar ni comprometer los recursos de las generaciones futuras”.

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“En todos los países la movilización popular frenó los intentos de promulgación de leyes que tendían a una mayor privatización”, compartió Melón sobre el final de su presentación, destacando el poder de la construcción colectiva como horizonte de cambios.

De ser aprobada, la nueva ley terminaría definiendo nuestras políticas sobre la alimentación, violando la soberanía alimentaria, restringiendo las variedades a sembrar, colonizando los campos, nuestros platos e imponiendo el pago de algo que milenariamente se intercambió como un bien común.

Entonces, si tenemos semillas libres, tenemos posibilidad de autodeterminación e independencia como pueblos, respetando la diversidad de mundos e identidades existentes.

Para finalizar, escuchamos la experiencia de Emanuel Garrido, quien detalló las consecuencias en la salud de la aplicación de agroquímicos cerca de centros educativos rurales de Coronel Suarez. Se desempeñó como secretario de ambiente durante tres años y, hace un mes, fue despedido por denunciar los delitos ambientales que causan las aspersiones de pesticidas. El intendente consideró que “no cumplía con las expectativas del cargo”.

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Contó la experiencia de productores que buscaron salirse del modo de producción con agrotóxicos, evidenciando las potencialidades de la agroecología que, siguiendo ritmos naturales, alienta la rotación y la combinación de siembras que seprotegen de forma recíproca en el manejo de plagas. Además de no extraer nutrientes del suelo, la Agroecología permite la producción de frutas y verduras libres de transgénicos y sin restos de pesticidas.

Hoy sabemos que la introducción de estos paquetes tecnológicos no acabaron con el hambre en el mundo, como prometían, sino todo lo contrario. En los países centrales aumenta la obesidad al mismo ritmo que en nuestros suelos crece el hambre. Flores explicó que según datos de la FAO de 1997, en EEUU una persona consume cerca de 4 mil calorías, mientras en ciertos países de África apenas roza los 1400. La comida abunda, el problema es la distribución.

La disputa radica entre un proyecto que incluya la diversidad de saber o uno que continúe expulsando, entre un campo con productores que siembren y cosechen con técnicas saludables o el escenario actual, monopolizado por el agronegocio contaminante.

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