Advierten acerca del uso de agroquímicos en la provincia de Buenos Aires

El mapa tóxico del campo bonaerense

Un informe realizado por la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales de la UNLP, solicitado por la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires, arrojó datos importantes sobre el uso y aplicación de agrotóxicos en la región. Los aspectos más llamativos son la presencia de pesticidas oficialmente prohibidos desde hace décadas y la contaminación de la leche materna. Un relevamiento que pone en jaque el modelo actual de producción agrícola.

por Colectivo Tinta Verde

Luego de casi cuatro años de trabajo, se presentó públicamente el Informe del proyecto de Investigación “Análisis del uso de agroquímicos asociado a las actividades agropecuarias de la Provincia de Buenos Aires. Mapa de situación e incidencia sobre la salud”, realizado por la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), a pedido del Defensor del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires.

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Prensa Facultad de Cs. Agrarias y Forestales UNLP

El informe es un diagnóstico sobre la aplicación y aspersión de agroquímicos en la Provincia, que cuantifica y caracteriza pesticidas y fertilizantes vinculados a la producción agropecuaria. Se analizaron los agroquímicos que se utilizan tanto para la agricultura como para la ganadería, además de las actividades agrícolas intensivas, como la horti-fruticultura. Se relevó qué tipo de productos fitosanitarios se usan en cada cultivo, qué toxicidad tienen, qué peligro potencial acarrean para la salud y qué impacto poseen en el suelo y en la tierra, con el objetivo de desarrollar estrategias para prevenir sus consecuencias.

El estudio se realizó en el marco de un convenio entre la Facultad y la Defensoría, organismo que viene recibiendo reclamos vinculados a la problemática de la utilización intensiva de plaguicidas, pesticidas, fertilizantes, herbicidas y fungicidas en la producción agropecuaria, tema que motivó la movilización de organizaciones ambientalistas, vecinos afectados y científicos comprometidos con los impactos que generan estos fitosanitarios en la salud y el ambiente.

Los datos en Argentina son alarmantes: un estudio realizado en el año 2013 por la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (CASAFE) detalló que el consumo de pesticidas aumentó un 858% en los últimos 22 años, que la superficie dedicada al cultivo lo hizo en un 50% y el rendimiento de éstos sólo se incrementó un 30%. Actualmente, la soja RR (Resistente al herbicida Roundup, comercializado por la compañía trasnacional Monsanto), es el principal cultivo desarrollado en el país, y  desde que se introdujo (su venta y utilización se liberó en el año 1996, siendo el primer país de la región que lo permitió) se incrementó en un 293% la superficie sembrada, pasando de alrededor de 7 millones a más de 18 millones de hectáreas cultivadas.

Los primeros resultados

El Ingeniero Agrónomo Santiago Sarandón, quien dirigió el equipo de trabajo de la Facultad de Ciencias Agrarias, expuso algunas de las conclusiones a las que llegaron luego de analizar el uso de agroquímicos en territorio bonaerense por zona, por época y por actividad, y expresó que este informe fue pensado como material para que quienes toman las decisiones puedan tener una base para pensar cómo hacer una transición para eliminar paulatinamente los agrotóxicos.

“La agricultura implica una importante modificación de los ecosistemas naturales para producir alimentos, por lo tanto tiene un impacto inherente a la propia actividad. Por la coyuntura territorial tiene una gran influencia en la problemática ambiental de la provincia de Buenos Aires. En los últimos años se ha incrementado un modelo basado en el uso de agroquímicos, esta liberación alerta sobre la posibilidad de riesgos potenciales a la salud humana o al ambiente en diferentes zonas. No es el cultivo en sí, la especie, sino el modelo productivo lo que puede resultar potencialmente peligroso”, afirmó Sarandón.

Las conclusiones del informe arrojan información de suma importancia: que la producción hortícola, tal como hoy se lleva adelante, utiliza un alto uso de agrotóxicos; que durante la estación del verano se da un significativo incremento de la concentración de plaguicidas; que en la actualidad se continúan aplicando fitosanitarios prohibidos por legislaciones vigentes (Dicloro Difenil TricloroetanoDDT- y el Dieldrin); y que los cultivos intensivos, ubicados en las cercanías de los ejidos urbanos, son los que sufren la mayor aplicación (VER: “Mala Sangre”).

Por otro lado, se detalla que la agricultura utiliza mayor cantidad de agroquímicos que la ganadería y que el cultivo de soja predomina ampliamente en la provincia. Con respecto a la producción ganadera, los investigadores de la Facultad de Ciencias Agrarias destacan que los sistemas más tecnificados presentan mayor peligrosidad de fitosanitarios que los menos tecnificados.

Plaguicidas prohibidos y leche tóxica

El Doctor Juan Colombo, director del Laboratorio de Química Ambiental y Biogeoquímica, de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la UNLP, quien dirigió junto con Sarandón el trabajo de investigación, explicó que se analizó también la huella química de aire y suelos, además de un estudio para detectar contaminantes en leche materna.

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Prensa Facultad de Cs. Agrarias y Forestales UNLP

Se tuvieron en cuenta  datos obtenidos en suelos y aire colectados en la Provincia en las estaciones de invierno (Junio 2012) y verano (Octubre 2012, febrero-abril 2013), junto con datos de leche materna de donantes de Saladillo y Florencio Varela.

Colombo explicó que los suelos analizados presentaron hidrocarburos alifáticos biogénicos (vegetales), con una distribución relativamente homogénea en todas las estaciones en las que se tomaron muestras y mayor presencia durante el verano. Además, señaló que los demás contaminantes hallados en los suelos denotan un patrón espacial que disminuye desde los sitios hortícolas-urbanos e industriales hacia el sur de la Provincia con valores mínimos en las ciudades de Copetonas y Carmen de Patagones. Entre los plaguicidas se confirmó la presencia de Endosulfanes, así como también los aportes de compuestos prohibidos como Dieldrin y DDTs en la zona hortícola. El Dr. Colombo agregó que los metales pesados hallados fueron relativamente homogéneos con concentraciones inferiores a las normas de calidad de suelos.

La predominancia general de Endosulfan en los suelos no es extraña, ya que este plaguicida es de uso generalizado y muy intensivo en varios cultivos, incluyendo la soja, a pesar de que se encuentra prohibido desde julio de 2013 por resolución del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA).

Con respecto al análisis en leche materna, los contaminantes más abundantes encontrados fueron los DDTs, seguidos por los Bifenilos policlorados, hexaclorociclohexanos y clordanos. Los investigadores que intervinieron en el relevamiento destacan la importancia de continuar con el monitoreo de los plaguicidas, ya que señalan que resulta inevitable no relacionar a los agroquímicos con la calidad y la seguridad alimentaria y los  impactos en la salud.

El informe realizado por la Facultad de Ciencias Agrarias resulta un elemento clave para analizar y conocer   la realidad actual del sistema agropecuario bonaerense y argentino, con un sustento técnico confiable y valioso que se pone a disposición de la comunidad y al alcance de funcionarios y decisores políticos.

Descargar informe completo


Mala sangre

Desde hace muchos años vecinos afectados, organizaciones ambientales y profesionales de distintas disciplinas vienen denunciado los efectos de los agroquímicos en la salud y en el ambiente; sin embargo recién este año la Organización Mundial de la Salud (OMS) aseguró que existen pruebas convincentes de que el glifosato puede causar cáncer en animales de laboratorio e informó que existen pruebas limitadas de carcinogenicidad en humanos.

La ONG marplatense Bios llevó adelante una campaña denominada “Mala Sangre”, cuyo principal objetivo fue demostrar la permanencia de los agrotóxicos en los alimentos a partir del análisis de la sangre de un grupo de voluntarios. Se analizó plasma de personas que viven en ámbitos urbanos y que sólo tienen contacto con estas sustancias a través de los alimentos que que consumen, ya que no se encuentran expuestos a las fumigaciones rurales.

En la sangre de las cinco personas analizadas se detectaron: DDD, Deltametrina, Endrín, Endosulfán sulfato y Endrin Cetona. Estas sustancias han sido usadas tradicionalmente como plaguicidas para el control de plagas y vectores. Los organoclorados se caracterizan por ser altamente persistentes, poseen un elevado potencial de bioacumulación en la cadena alimentaria y logran resistir los procesos de degradación y mantenerse en el ambiente y en los organismos durante años.

Desde la ONG marplatense señalaron que la campaña sirvió para evidenciar las características negativas que tiene el sistema agropecuario que produce de manera industrial, expulsando campesinos y enfermando a la población.


 

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